Crítica: «Asesino invisible» (The car, 1977). Elliot Silverstein

Empezamos la primera secuencia con una cita de Anton Lavey (fundador de la Iglesia de Satán): “Oh magníficos hermanos de la noche que cabalgáis sobre los ardientes vientos del infierno, que habitáis en la morada del diablo, moveos y apareced”. Pequeña presentación del protagonista; la encarnación motorizada del Mal, del mismísimo “ángel caído”, Lucifer. El automóvil es un antiguo Lincoln Continental Mark III de 1971, transformado exclusivamente por el famoso diseñador y precursor de la esencia “Custom” George Barris, que también transformó el “Munster Koach” de «La familia Monster» (The Munsters) y el curioso “Batmóvil” de la mítica serie de televisión “Batman”, de 1966. 

“Asesino invisible” (The car, 1977), ha sido un trabajo golpeado por las críticas de la época, tanto por su público, como por la transcendencia mediática, una discriminación encaminada en toda regla hacia el olvido. El film contiene grandes dosis de influencias más que evidentes, vemos guiños pertenecientes a clásicos de Steven Spielbierg, como “El diablo sobre ruedas” (Duel, 1971) y “Tiburón” (Jaws, 1976). De hecho, si hiciésemos una mezcla entre las dos citadas películas anteriormente, el resultado sería ésta cinta. Es inevitable recordar al célebre depredador marino cada vez que aparece el automóvil en escena. La tensión y la música que desprende la atmósfera facilita ésta comparación. Que a su vez servirá de fuente de inspiración para otras obras.

Seis años después, John Carpenter, acababa de triunfar en taquilla con su espléndida “The thing” (La cosa, 1982), pero tenía en mente plasmar en la gran pantalla la novela de Stephen King, “Christine”. La historia de un joven universitario enamorado de su Plymouth Fury 195 de 1958, juntos poseen una venganza insaciable que acabará con todo aquél que se crucen en su camino (en la cual, podemos ver planos muy similares a “The car”).

Una de las grandes importancias de éste trabajo es su banda sonora, obra de Leonard Rosenman, dónde hace uso de “la sinfonía fantástica” y más concretamente de “las campanas de la muerte” del francés compositor Héctor Berlioz. Quizás, incluso las reconoceréis por los trabajos del maestro Stanley Kubrick, dónde también las utilizó en “La naranja mecánica” (“A clockwork orange”, 1971) y “El resplandor” (The shining, 1980).

Durante la trama como personajes principales podemos ver al carismático James Brolin y un joven Ronny Cox, que intentarán resolver el misterio de una serie de asesinatos en un pequeño pueblo del desierto de Utah (Oeste de Estados Unidos), tras los cuales se encuentra un misterioso automóvil demoníaco.

En resumen, un film que cumple con sus expectativas, un planteamiento correcto con un guión que logra mantener la tensión de principio a fin.

Puntuación: 7,5/10.

Editor de Ceremonia Sangrienta, fanzine dedicado al cine fantástico de todos los tiempos.
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