La escalera de caracol

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The Spiral Staircase (Robert Siodmak, 1945)

Genial simbiosis entre cine negro y terror (también llamado género de suspense, misterio o thriller psicológico), fruto del testigo dejado por Val Lewton en la RKO (La mujer pantera, Yo anduve con un zombie) y magistralmente dirigida por Robert Siodmak (Forajidos, El temible burlón, El hijo de Drácula o El abrazo de la muerte). Basada en la novela de Ethel Lina White, el guión de Mel Dinelli relata una historia gótica que ejerce una auténtica radiografía del comportamiento de cada uno de sus personajes.
Un sádico asesino aterroriza un lujoso vecindario matando a mujeres con alguna minusvalía. Una joven sirvienta muda se verá atrapada en una telaraña de personajes, en mitad de una inmensa mansión, y  con la permanente sensación de ser ella la próxima víctima.

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La tenebrosa fotografía de Musuraka (La mujer pantera), rozando el tenebrismo, el expresionismo alemán y las pinturas de George de La Tour, son el máximo exponente del cine de terror (muchas veces resumido en la luz y en el sonido). La cuidada puesta en escena, (aprovechando los decorados de Orson Welles en El cuarto mandamiento) el preciso uso del atrezzo, la música de Roy Webb y un magnífico reparto encabezado por una convincente Dorothy Maguire (inicialmente se habló de Ingrid Bergman para el papel) y una entrañable Ethel Barrymore (Jennie), son los puntos fuertes de este clásico.

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Estamos frente a una película pionera, donde el ojo del asesino en un plano detalle distorsionado forjó la cámara  psicológica casi por primera vez, y una secuencia como la de la chica muda frente al teléfono crispó los nervios a toda una generación.
Los complejos conceptos expresados, así como los grandes temas simbólicos a los que hace referencia (la escalera de caracol como metáfora de nuestro yo interior, del descenso al infierno personal, junto a lo que es normal y lo que no, a las falsas apariencias, al nazismo y racismo crecientes en Europa…) se resumen en un desenlace hoy en día algo previsible, pero que tiene sus aciertos en el suspense que se crea en ese microclima que va encerrando a la protagonista en su mundo y en la casa, alejándola cada vez más del resto, dejándola a merced del asesino.

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Se trata, pues, de un referente para todas las películas de asesinatos que la siguieron. Una película que nació discreta, modesta en su presupuesto, y que ha ganado mucho con el paso del tiempo.
A destacar las artísticas muertes (refinadas, con luz y sombras, sin trucos baratos ni sangre) y el curioso homenaje que se rumorea a Orson Welles con el bulldog de la familia; Welles era amigo de Siodmak y marido de Elsa Lanchester (La novia de Frankenstein), que aquí aparece como una malhumorada y alcohólica sirvienta.

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Se han rodado dos remakes bastante despreciables: uno en 1975 de Peter Collinson, con Jacqueline Bisset y Christopher Plummer; y una TV Movie el 2000, de James Head con Nicollette Sheridan.

por Gerard Moliné

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Editor de Ceremonia Sangrienta, fanzine dedicado al cine fantástico de todos los tiempos.
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